miércoles, 8 de julio de 2009

El colapso

Carlos Machado Allison

Diario El Universal, julio 2009

No importa en que dirección se mire, ni que periódico se lea, ni que canal de televisión sea el preferido, porque lo que nos rodea no sólo muestra un país al borde del colapso, sino también a un gobierno que aspira arrastrar a otras naciones a esa misma condición. Vivimos como en la Roma decadente del siglo IV después de Cristo, cuyos habitantes se despertaban cada mañana entre las ratas y la basura, salpicados con las aguas negras, rodeados de hampones, víctimas de la peste negra y amenazados por los bárbaros que ya tocaban las puertas de la gran ciudad. Las trompetas llamaban a la población para acudir al circo o recibir algo de pan. La diferencia estriba en que los bárbaros no proceden de fuera, ya estaban aquí.

No hay desfile, discurso o transmisión en cadena que oculten el panorama desolador. Las instituciones no funcionan, se están cayendo en pedazos. Pululan indigentes y niños en las calles. El parte de guerra señala, sólo en Caracas, 50 muertes violentas cada fin de semana, casi 1.500 en el primer semestre. Se “descubren” contenedores con alimentos descompuestos, y pasan de la docena los aviones con matrícula venezolana, portadores de drogas, capturados o estrellados en Honduras. Los tribunales muestran sesgos y carencias; la policía es tan temida por los ciudadanos como el hampa. Los derechos humanos y la constitución son pisoteados. No hay repuestos ni vehículos, comienzan a faltar electrodomésticos y algunos medicamentos. No hay papel para imprimir libros, el robo y hurto de vehículos aumenta en forma galopante, así como los secuestros “Express”. La venta de sicotrópicos crece cotidianamente gracias al creciente estado de angustia de la población. La fuga de talento es tan intensa como la inflación

Mientras los problemas básicos son desatendidos por el gobierno, éste se dedica a redactar leyes y decretos dirigidos a incrementar el tamaño del Estado y reducir el de la sociedad civil. Las amenazas y los insultos son permanentes contra cualquier forma de organización, persona o país que no esté bajo el control político del régimen. Los sindicatos, universidades, colegios privados, cooperativas de transporte, televisoras, periodistas, sitios de recreación, clínicas, empresas, gremios profesionales, ONG´s, iglesias, partidos políticos, gobernaciones o municipios opositores son acosados.

Por el contrario el hampa organizada, el narcotráfico, las mafias sindicales, los maletinazos y otras transacciones ilícitas se desarrollan con impunidad. Los disidentes, comisarios, policías, políticos, militares y empresarios son procesados, encarcelados o sentenciados con eficiencia y prontitud. Premios, espacios para la cultura, editoras y subsidios exclusivamente para los que profesan la fe oficial, los demás están segregados. El Ateneo de Caracas cierra sus puertas después de tres cuartos de siglo. El clientelismo político, la centralización y la militarización del gobierno son las políticas dominantes. Mientras el país se derrumba y se endeuda, las prioridades oscilan entre las ambulancias que le regalan a Evo, las donaciones de petróleo, comida y empleos a Fidel, los eventos en Tegucigalpa o las elecciones en Irán. Mientras tanto en nuestros hospitales sobran escombros y faltan médicos, gasa y seguridad. Ave César.

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