viernes, 5 de marzo de 2010

Buscando inspiración



Publicado en El Universal el 3 de marzo de 2010

Impotentes, mirando la ciudad oscurecida, procuramos inspiración a través de la lectura de viejos libros con ideas maduradas a través de la historia. Hammurabi (1955-1913 a.C) hace más de 4000 años dictaba en su código, que el gobierno estaba obligado a resarcir a las víctimas de robos por el monto sustraído, si en un lapso prudente no se encontraba al delincuente. Algo similar se establecía para los familiares de un asesinado. Con miles de delitos impunes y 20.000 asesinatos por año ¿no sería justo que el gobierno les pagara a las víctimas? Sin duda mejor destino para nuestros impuestos que los millones del tributo que pagamos al imperio cubano.

Ceder ante otro gobierno la decisión sobre educación, salud, defensa, movimiento migratorio o alimentación, era considerado como acto de traición en el antiguo Egipto y luego, en la mayoría de las naciones. Aquí es visto como natural o inevitable que venga un médico cubano, mano de obra esclava, y le dé órdenes a los galenos y enfermeras en un hospital local. A veces la reacción patriótica más airada, no es negarse a obedecer o expulsar al invasor, sino renunciar. No falta quién proponga ponerse de rodillas ante el régimen mientras critican a quienes, desde la oposición, hacen esfuerzos por cambiar las cosas. No es ¿Qué hace el país por mí?, sino ¿Qué haces tú por el país?
A Sócrates (469-399 a.C) le hicieron beber cicuta, entre otras cosas, porque Critias, antiguo alumno, se asoció a Esparta y liquidaron la democracia de Atenas. Fue acusado de corrupción por hacer preguntas y generar dudas. Regresó la democracia, pero con un populismo que lo llevó a juicio: resultado 280 a 220 por la condena a muerte. ¿Juzgar a todo dirigente cuyos seguidores sean unos bandidos? Aquí no alcanzaría la cicuta. Pero quizás lo que ocurrió con Sócrates y casi con Platón (427-347 a.C.), es que propagaban la idea que los gobernantes debían ser filósofos, eruditos y relevados periódicamente del poder. El concepto de filósofo en aquel entonces era más simple que el actual: se aplicaba a quienes sabían algo más que emplear armas. Usar a la masa para librarse del talento y de la oposición, es vieja práctica, sino vayan al infierno de Dante y pregúntenle a Hitler, Mao o a Boves, o tomen una tour por el de Fidel y vean la falta de libertad, electricidad y comida y el exceso de desempleados y milicianos.
Otra mala costumbre de Sócrates, Platón o Galileo, era buscar la verdad. Hoy sabemos que esa simple verdad no existe, que el universo es complejo e infinito y que podemos aproximarnos a la realidad, gracias a nuevos instrumentos, métodos de pensar y el concurso de muchos hombres de talento. Desespera cuando no importa cuantos instrumentos, ideas o recursos financieros existan, prive la ignorancia faraónica o el cesarismo que coloca, en un solo y equivocado hombre, todas las decisiones.
No digas Ave César, no te pongas de rodillas.

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