sábado, 3 de abril de 2010

El Bicentenario y la soberanía



Publicado en El Universal, 30 de marzo de 2010



El 19 de abril de 1810, en Caracas, un grupo de civiles se reunió, repudió al Capitán General designado por José I, hermano de Napoleón y suscribió un documento que, señalaba: “…en cuyo caso el derecho natural y todos los demás dictan la necesidad de procurar los medios de su conservación y defensa; y de erigir en el seno mismo de estos países un sistema de gobierno que supla las enunciadas faltas, ejerciendo los derechos de la soberanía, que por el mismo hecho ha recaído en el pueblo…” La soberanía pasa a ser el paradigma sobre el cual pivotará la guerra de independencia y todos los textos constitucionales republicanos. La soberanía tendrá luego apellidos y adjetivos, será símbolo y referencia política: soberanía territorial, soberanía económica, soberanía alimentaria, soberanía en seguridad y defensa, soberanía sobre el mar territorial y sobre quién sabe cuantas cosas más, todas inscritas en el afán para lograr un país capaz de tomar sus propias decisiones, de labrar su futuro sin depender de otros ¿Cómo estamos dos siglos después?

Pues bien, vemos que en este bicentenario no hay ningún afán conmemorativo a pesar del pletórico discurso patriótico y las innumerables referencias a las raíces decimonónicas de la filosofía del gobierno. Explicar la lógica del silencio oficial no es fácil, pero podemos dar nuestra opinión, aunque opinar hoy resulta tan peligroso como hacerlo en 1810 y si usted lo duda, pregúntele a Oswaldo Álvarez Paz o a cualquier otro de los presos o exilados políticos de la última década. Así, en nuestra opinión y opinar sigue siendo un derecho constitucional, el silencio resulta de cinco causas: (a) la inexistencia de obras que inaugurar; (b) el carácter puramente civil del 19 de abril; (c) la ausencia de Bolívar en ese acto; (d) la impopularidad del gobierno y (e) la pérdida de soberanía política, agroalimentaria, económica, educativa, de seguridad, sanitaria, eléctrica y territorial.

Dos siglos después debemos importar comida, médicos, electricidad, medicinas, proyectos y asesores, mientras que nuestras fronteras son corredores libres donde circulan personas y mercancías indeseables. Durante la colonia las decisiones sobre la fundación de nuevos poblados se tomaban en la corte de Madrid, ahora las toma Lukaschenko y en lugar de mejorar la vialidad de Guárico, van a construir una ciudad agrícola en los Llanos; el monopolio comercial español Cádiz-Veracruz ha sido sustituido por el de La Habana-Puerto Cabello; los chinos construyen en Barinas la Academia de Ciencias Agrícolas inspirada en aquella de Lysenko y Stalin. Los asesores extranjeros pululan en palacio como lo hacían austriacos y franceses, cuando impusieron a Maximiliano como Emperador de México. No hay mucho que celebrar. Escribo un martes mirando El Ávila en llamas y el manto que viste de gris a la ciudad y abate el ánimo de sus habitantes. Opino con libertad, honor a los héroes del 19 de abril.

Fotografía: Alexandra Machado

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